La historiadora, de Elizabeth Kostova, no es una novela más acerca de vampiros.
La trama se mueve en dos líneas temporales para narrar la búsqueda por diferentes países de Europa del Este de Rossi, afamado escritor y profesor, que tras un importante hallazgo acerca de Vlad Tepes, el Empalador, desaparece sin dejar rastro.
Paul, la última persona que lo vio con vida, está decidido a encontrarlo cueste lo que cueste. En su camino se cruza con Helen, la hija de Rossi, de quien no tenía noticias. Juntos se sumergen en la complicada tarea de hallar al conde Drácula, pues sospechan que es él quien se ha llevado al profesor Rossi.
En el presente, la historiadora, hija de Paul, ha hallado documentos de la investigación que su padre llevó a cabo años atrás sobre el conde Drácula. Inmersa de pronto en el afán por saber más, pondrá en juego no solo su vida, sino también la verdad sobre quién es su madre y por qué la abandonó.
Pasado y presente confluyen de forma natural en la narración de la historia, aunque no terminan de generar el impacto suficiente que enganche en la lectura.
Uno de los puntos más destacados donde la escritora se luce es en situarnos en la época, dando un toque de realismo a la trama. Si bien es cierto que, en muchas ocasiones, las descripciones de los lugares, así como de los objetos y documentos encontrados, son demasiado extensos, ralentizando el ritmo natural de la novela.
El final cierra una historia que por momentos parecía complicarse demasiado al moverse por tantos escenarios. Si bien hay personajes bien integrados en la trama, en otras ocasiones su aparición parece cumplir únicamente el objetivo de alargarla de forma innecesaria.